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En el sur profundo de El Calafate, donde la Patagonia se impone con una belleza serena y contundente, nació a comienzos del siglo XX un pequeño poblado que con el tiempo se convertiría en símbolo de permanencia y carácter.
Su nombre proviene del calafate, un arbusto silvestre cuya leyenda dice que quien prueba su fruto, siempre regresa. Y algo de eso hay en su esencia: una conexión con lo auténtico, con lo que perdura más allá del paso del tiempo.
La Calafate toma ese espíritu.
Confeccionada en algodón, su patrón a cuadros en tonos azules refleja equilibrio y profundidad, como los paisajes del sur: vastos, silenciosos y precisos. No hay excesos, no hay concesiones. Solo una construcción clara, donde cada línea tiene propósito.
La Calafate Centenario no sigue tendencias porque lo verdaderamente elegante no responde a una época.
Trasciende generaciones.
