En su época de máximo esplendor, Isfahan reunía algunos de los parques, bibliotecas y mezquitas más espectaculares del mundo. Sus artesanos desarrollaron un lenguaje visual propio: espirales, curvas y motivos que se enrollan sobre sí mismos en un azul tan profundo que parece contener el cielo entero.
Ese lenguaje viajó. A través de la ruta de la seda dio la vuelta al mundo sin perder su origen.
La Imperial Isfahan es ese viaje hecho corbata.
Confeccionada de polyester, sus mosaicos de azul cobalto sobre fondo oscuro, con inscripciones blancas que enmarcan cada curva, son exactamente el espíritu de este paisley: el trazo preciso, la espiral que no termina, el detalle que se multiplica sin perder orden.
Porque este patrón no nació en una fábrica. Nació en un taller persa del siglo XVII, viajó por la ruta de la seda hasta Cachemira, cruzó el océano hasta Escocia, y llegó hasta acá sin perder una sola curva en el camino.
Diez siglos de ruta en el nudo de una corbata.